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LA CUARTA OLA DE LA PANDEMIA SERÁ LA DEPRESIÓN Y SERÁ INVISIBLE

Los psiquiatras y profesionales de la salud mental de diversas partes del mundo lo han señalado: la cuarta oleada de la pandemia por coronavirus será sobre salud mental. Tras meses de confinamiento o emergencia, se vendrá un tsunami de cuadros clínicos de depresión o estrés postraumático debido a todo lo vivido.

Jesús Ramírez-Bermúdez, neuropsiquiatra y doctor en Ciencias por la UNAM, coincide en ello, y agrega un factor más: sí; será la cuarta ola, pero a diferencia de la primera o la segunda, será invisible; y los gobiernos probablemente no destinarán ni los recursos económicos ni humanos para contener. Esto, debido a falsos debates y prejuicios que se detallan más adelante.

Ramírez-Bermúdez, quien también es médico e investigador en el Instituto Nacional de Neurología, recientemente publicó su último libro: Depresión, la noche más oscura, donde aborda esta enfermedad desde dos miradas aparentemente excluyentes: los aspectos, sociales y biológicos que pueden desencadenar un cuadro depresivo. Al respecto, platica con Pie de Página.

–Partes de dos miradas: esta discusión eterna entre una visión biologicista y otra corriente que se opone a ver todo desde el lado biológico y resolver todo con medicamentos…

–En efecto, he estado muy atento a los debates que se generan en la opinión pública y también en los ámbitos académicos, en las últimas décadas, no sólo en el ámbito especializado, pero sobre todo en el terreno más amplio del debate social. Entonces, Algunos problemas como la depresión, la salud mental, en general, se vuelven terrenos críticos para este debate, porque tienen que ver con el terreno del sufrimiento humano y los caminos que nos llevan al suicidio, que son temas sensibles para la sociedad.

Mi punto de vista es que hay grupos muy sectarios, doctrinarios.

Biologicista

Dentro de las ciencias biológicas, por una parte, la biomedicina, que estudian casi exclusivamente la dimensión biológica de la depresión y que la enfatizan. Muchas de sus investigaciones son relevantes; iluminan una parte importantísima del problema, que es, cuando una persona tiene el diagnóstico de la depresión, qué pasa en su cuerpo, tanto a nivel cerebral como a nivel hormonal, como a nivel inmunológico, y demás.

Pero el problema es que muchas veces por ver el árbol, pierden el bosque; ósea, no ven la dimensión cultural, social, que tiene la depresión, y técnicamente esa sería una forma de reduccionismo biologicista.

Otra ceguera

Por otro lado sucede algo equivalente en las ciencias sociales, explica el médico.

–A veces en el campo de las humanidades y las artes –que enfatizan otras dimensiones, otras experiencias–. Desde ahí se enfatiza la vivencia subjetiva de la persona que tiene depresión: su narrativa biográfica. [Ahí] casi siempre hay algunos momentos de trauma que pueden estar asociados a violencia sexual, a desigualdad, a experiencias adversas de muy diferentes tipos.

Y también, en esta otra mirada, entra mucho en juego la dimensión social más amplia: la pobreza, la desigualdad, a todos los niveles; de clase, género, étnica, lingüística, etcétera. Todos estos son también factores de riesgo y son factores muy importantes para la depresión y están ahí.

Yo creo que todas estas investigaciones son igualmente importantes, porque enfatizan tanto la dimensión psicológica como la dimensión social de la depresión. Que son reales.

Pero a veces también en estos grupos, académicos y científicos, hay igualmente una ceguera de los problemas biológicos. Al grado a veces hasta de negarlos. O de considerar que es casi una ofensa, para el individuo que sufre, decir que tiene un problema biológico. Y ahí se forman como pugnas entre estos grupos.

Todo esto, desde mi punto de vista es un falso debate.

Biológico o social: falsos debates

Simplemente es [por ejemplo]: yo tengo unos binoculares, o un telescopio para mirar el marco social, pues es real: la inequidad, la violencia, son factores de riesgo para la depresión; las narrativas de vida revelan esos problemas, y el análisis sociológico también lo revela. Pero mi telescopio no me permite ver qué está sucediendo dentro del cuerpo, y me pierdo de una parte muy importante del problema.

De igual modo, si mi microscopio sólo mira el cuerpo y no es capaz de mirar el entorno social, la ecología humana de la depresión, me estoy perdiendo de otra parte del problema.

La verdad es que, cuando uno analiza con un enfoque que busca la integración, se da cuenta de que la cadena de causalidad, pasa de lo social a lo biológico, o de lo biológico a lo social. Hay una transferencia de causas y efectos que comprometen ambas dimensiones.

Es lógico, somos seres vivos que tenemos un cuerpo y nuestro cuerpo sufre, a todos los niveles. A nivel cerebral, a nivel inmunológico, y hasta en la piel, se pueden hacer muchos registros. En el corazón, en las vísceras.

La amenaza y la pérdida: factores desencadenantes

–Narras en tu libro cómo se transforma o se determinan los cerebros de los niños cuando éstos son expuestos al sufrimiento o a cualquier tipo de traumas. Y esto es relevante porque hay una epidemia de violencia en México. En este sentido, ¿cómo ves el panorama de la depresión en nuestro país?

– En México hay un problema de salud mental muy fuerte, lógicamente, por estas causas sociales que estábamos mencionando. Hay amenazas muy fuertes a la integridad física, psicológica, la dignidad de las personas. [Esto es] por la violencia sexual, la violencia de género, la violencia económica… Muchas formas de violencia que están operando, son amenazas muy fuertes. Y otra vez, nuestro aparato, neuropsicológico, nuestro aparato biológico reacciona a eso. Porque son realidades. Es como, si te pica un mosquito, tu cuerpo reacciona. Son realidades, hay una emoción, hay pensamientos, tienes cambios químicos que te llevan a que te dé comezón, etcétera. Entonces lo mismo sucede con cualquier agente que amenaza nuestra integridad. Si un mosquito es capaz de hacerlo, imagínate con un humano que te está agrediendo…

Todo eso genera cambios muy intensos en nuestros cuerpos y obviamente en nuestros arreglos simbólicos, de manera que, obviamente son factores de riesgo muy fuertes, para tener problemas de salud mental, y ahí la depresión está a la cabeza.

Depresión y adicción, lastres en México

Más o menos con el 7 por ciento de prevalencia, en México. Según el estudio de la doctora María Elena Medina Mora. Pero no es el único problema. Tenemos un enorme problema de adicciones, que al margen de que tú y yo podamos tener una ideología libertaria (yo estoy en contra de la estrategia penal, eso agrava más que resolver el problema), no podemos ser ingenuos y negar que hay problemas muy graves. Por ejemplo, el alcoholismo en México es un problema tremendo. Es un problema familiar; las esposas de los alcohólicos lo saben, los hijos también. Atrae problemas de enfermedades físicas también como la cirrosis y también un deterioro de las funciones cerebrales.

–Hablas en tu libro sobre el fuerte componente social que tiene la depresión; más que en otros trastornos mentales….

–Casi todas las enfermedades mentales se alimentan tanto de factores sociales como biológicos. Incluso padecimientos con un alto componente hereditario –como la esquizofrenia o la bipolaridad– tienen componentes sociales. Sin embargo, en éstos es preponderante el factor biológico, genético, del paciente. Por eso es que la curva epidemiológica de estas enfermedades es bastante estable a lo largo del tiempo.

Pero no ocurre así con la depresión. Su curva epidemiológica sí que cambia y se transforma, de acuerdo con lo que sucede en una sociedad.

Pandemia: El experimento social más grande del mundo

–Qué se puede estar moviendo en la actualidad en términos de salud con la pandemia?

–Yo leía que la cuarentena es el experimento social más grande que se haya hecho. Se calcula que hay unos 2 mil 600 millones de personas que han estado en cuarentena en algún momento de este año, en el mundo. Entonces es un experimento que va a dar muchísima información en torno a esto: cómo reaccionamos, las consecuencias para nuestra salud mental, y en diferentes condiciones.

[Sobre esto último, porque] como dice Yásnaya Elena: no es lo mismo estar en cuarentena en un lugar donde no hay agua, por despojo y violencia, a estar en un condominio precioso en el mar, donde todos los días te despiertas y ves el amanecer, y tienes un internet de lujo para conectarte y puedes bajarte a jugar golf. No es lo mismo.

Las amenazas y las pérdidas

Amenazas

Pero al margen de eso, las amenazas y las pérdidas (que detonan estados de alerta y angustia y pueden desencadenar trastornos afectivos), los dos ejes están en operación ahorita. Y ten odos: porque tenemos amenazas a nuestra integridad física, el miedo de perder a nuestros seres queridos; el miedo de enfermar y no tener dónde atenerte. Hay una amenaza persistente a la integridad y todo eso afecta la salud mental; y también hay una amenaza en lo simbólico. Es como una suerte de mantra de la muerte: cuántos muertos en México hoy, y cuántos en Brasil, y cuántos en Nueva York,

Nunca en nuestras vidas habíamos estado hablando todos los días de esto, ni siquiera los médicos.

Entonces todo esto son amenazas a nuestra integridad; y obviamente quienes están viviendo directamente la enfermedad; y el personal de salud (para quienes, la verdad sí que está rudo el panorama).

La pérdidas

Y luego están las pérdidas: de libertad, de salud, económicas. Desde el niño que no puede celebrar su cumpleaños; hasta la niña que no puede ver a su amiga para jugar como siempre lo hacían corriendo y brincando; entonces hay pérdidas a ese nivel; pérdidas afectivas para los adultos mayores; entonces, por eso, en términos numéricos se estima que la cuarta ola, que es la salud mental, puede ser hasta más frecuente que los anteriores

Claro que no va a tener la visibilidad necesaria, ni va a tener el presupuesto necesario; ni en México, ni en ninguna parte del mundo. ¿por qué? Por razones de las estructuras económicas dominantes. Simplemente. Los seguros de salud no van a cubrir cuestiones de salud mental en México, y en Estados Unidos, no cubrirán más que una fracción;

En nuestro país no se van a contratar, o muy pocos, suficientes terapeutas. Y ni siquiera va a haber los medicamentos suficientes.

–¿Por qué será silenciosa?

–La pregunta de fondo para mí es cuándo vamos a incorporar la psicoterapia a la salud pública.

Ni siquiera en los hospitales especializados, como es el [Instituto Nacional de Psiquiatría] Ramón de la Fuente, hay suficientes psicoterapeutas contratados para atender a los pacientes que ahí se atienden.

Menos hay suficientes en mi hospital, el Instituto Nacional de Neurología, y mucho menos en Nutrición. En un hospital así es visto como una extravagancia cursi.

El otro divorcio: la salud mental y la salud física

Este divorcio, este sentipensar que el trabajo del psicoterapeuta no forma parte de los servicios de salud han causado estragos, avierte Ramírez-Bermúdez.

–Se suicidan los anestesiólogos, se suicidan los intensivistas, cuando vemos las adicciones en el personal médico, vemos que hay una discriminación y un estigma terrible.

La tasa de suicidio en médicos es mayor a otras profesiones, y entre ellos, están a la cabeza los anestesiólogos.

La cuarta ola y los médicos

El nivel del desgaste, la terapia intensiva de cardiología, han atendido las formas más graves que de covid. Pero no se han infectado porque tienen protocolos muy rigurosos, pero sí se han discapacitado por desgaste físico. Pues es fenómeno de burn out. Si ellos están así, imagínate cómo están en Nutrición, en el siglo XXI, en el XX de Noviembre… o peor aún, en el Hospital de las Américas (en Ecatepec, donde se presentaron hechos violentos) o el de Tierra Caliente… la verdad yo no quisiera ser médico trabajando en condiciones tan duras. Si yo en neurología tengo desabasto, imagínate en esos lugares.

Por todas estas razones, los problemas de salud mental van a estar a la orden del día en etapa post pandemia. Ya lo están; y lo van a estar más.

*Aquí puedes leer un fragmento del libro.

Lydiette Carrión

Lydiette Carrión Soy periodista. Si no lo fuera,me gustaría recorrer bosques reales e imaginarios. Me interesan las historias que cambian a quien las vive y a quien las lee. Autora de “La fosa de agua” (debate 2018).

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